¡Mamá, yo también voy!

¡Mamá, yo también voy a Oporto!

Oporto, la ciudad de los mil colores, de la luz eterna de poniente, de los azulejos azules y de la alegría de su gente, llevaba bastante tiempo en nuestra lista de destinos pendientes. Todos me habían dicho que nos iba a encantar, y así fue, aunque tengo que decirlo: encontré dejadez, muchas de sus preciosas fachadas abandonadas al antojo del tiempo y la vejez. Aun así, comprobamos que sigue siendo fuente de inspiración para pintores, fotógrafos, compositores y poetas ambulantes.

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OPORTO en dos días

Programa de visitas 

Día 1

  • Crucero en rabelo por el río Duero
  • Barrio de La Gaia
  • Barrio de la Ribera
  • La Sé, Catedral de Oporto
  • Jardim del Moro

Día 2

  • Liberia Lello e Irmão
  • Casco histórico
  • Ruta del azulejo azul a través de las Iglesias
  • Estación de Sao Benito.
  • Desembocadura del río Duero

DÍA 1

Para nuestra estancia reservamos un apartamento a través de Booking.com , un renovado y cómodo apartamento (ORM PRADO) ubicado en la planta superior de una hermosa casita azul. El anfitrión fue muy amable y nos dio recomendaciones para visitar la ciudad. Para la primera tarde de nuestra estancia había reservado un crucero en rabelo por el río Duero, es más cómodo llevar la reserva hecha con antelación y así evitas colas y riesgo de quedarte sin plaza. Lo hicimos en esta ocasión con la epmresa Get your Guide  El crucero de los seis puentes es una buena opción para empaparte de su esencia antes de recorrerla a fondo. 50 minutos de travesía cruzando los 6 puentes que unen las dos orillas, la de Oporto y la de La Gaia.

Tras el crucero, nos adentramos en La Gaia que es el barrio donde se encuentran las bodegas, todas ellas ofrecen visitas y degustación. Las visitas guiadas suelen ser hasta las 6 de la tarde. Te recomendamos planificar esto bien para que no te pase como a nosotros, que aún siendo Agosto, tenían un horario de visita muy reducido. De todos modos existen varios sitios donde degustar sus vinos y un dulce típico, y además te llevas el vasito de recuerdo.  Tras hacer una parada en uno de estos locales para  probar uno de sus vinos nos dispusimos a recorrer el barrio de  La Ribera, que como su nombre indica es el barrio que baña la ribera del río Duero.

Para ello cruzamos el puente de D. Luis I, donde transeúntes y metro conviven sin contratiempos. La recomendación en Oporto es caminar por sus calles sin rumbo fijo y apreciar las coloridas fachadas que van apareciendo a tu paso.

En este paseo nos topamos con La Sé, la catedral de Oporto, merece la pena pagar la pequeña entrada y visitarla por dentro, incluyendo el claustro y la subida a la torre, desde donde tendrás unas vistas de Oporto que no te dejarán indiferente.

A la caída de la tarde, hicimos caso a nuestro anfitrión y nos dirigimos nuevamente al barrio de la Gaia, concretamente al Jardim do Morro, donde se concentra mucha gente para ver una espectacular puesta de sol. 

No tuvimos la suerte de que nuestra puesta de sol fuera espectacular, porque el día estaba bastante nublado. Pero igualmente disfrutamos de las vistas y de la comida que ofrecen varios foodtrucks con música ambiente.

Día 2

El segundo día lo dedicamos al centro  histórico de la ciudad, ¡hay tanto qué ver!. Una de las cosas que estaba desenado visitar era la librería Lello e Irmão, reconocida como la más bonita del mundo por su escaleras rojas (se dice que sirvió de inspiración para las de Hogwarts en Harry  Potter). Una vez llegamos mi desencanto fue la larguísima cola de gente esperando para visitarla, así que desistimos de esperar si queríamos seguir descubriendo el resto de la ciudad. Pero si vas en temporada baja y no hay cola, te recomiendo entrar, cobran una pequeña entrada que luego descuentan si compras algún libro. 

 

Una de las cosas que más llama la atención, es el alicatado azul de casi todas las fachadas de las Iglesias de Oporto . Dedicamos la mañana a pasear por el caso histórico haciendo la ruta de las Iglesias, donde visitamos también la estación de Sao Benito revestida igualmente de azulejos azules y con un espectacular salón como recepción de visitantes. 

Después de almorzar, como ya los niños estaban cansados cogimos el tranvía para ir a la desembocadura del río Duero. El trayecto de vuelta lo hicimos en patinete, es una opción muy divertida si vas (o no)  con niños.

 

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